Hace seis años que transmito este maravilloso arte de plegar. Es fabuloso sentir cómo mientras las manos están inquietas, la mente y el corazón disfrutan la calma.
¿Quién dijo que a meditar se aprende sólo cerrando los ojos?
Momentos chiquitos, tesoros diarios y alegrías compartidas. Miradas que vuelven a mirar, que re-significan. Porque la felicidad es más chiquita de lo que pensamos.
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